¡Estarás harto de que te cuenten
historias!
Los trinitarios tenemos 800 motivos para no hacerlo,
porque cada año de nuestra historia
es una nueva razón para creer en la libertad.
Nunca
nos ha gustado soñar.
Juan de Mata, el primer trinitario, tampoco lo hacía.
Porque quien desciende a tantos infiernos como hay en este mundo
para
romper cadenas, quien se atreve a mirar cara a cara
y escuchar a los que son esclavos de tantas cosas,
no tiene tiempo para soñar.
La
experiencia de Dios y la vida en fraternidad
nos hacen tener los pies en la tierra para que,
desde la enseñanza, la atención pastoral de parroquias y
cárceles,
la labor asistencial y social a presos,
emigrantes, sin techo y toxicómanos,
sigamos confiando en el valor de la persona
y de la libertad por encima de todo.
Si
lo tuyo es soñar,
si te falta valor para ser libre y creer en la libertad, piénsalo…,
tal vez te conviene navegar por otras páginas.
¿Te
atreves a seguir? |
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Hola,
Me
llamo Pedro y soy trinitario. Lo mío es la provocación,
me gusta ayudar a otros a preguntarse por su vida, a ponerse a la escucha
de lo que pasa a su alrededor, A ABRIR LOS OÍDOS A DIOS. Si
has llegado hasta aquí es porque algo del texto anterior te
ha provocado, te ha dejado inquiet@. Sé lo que se siente, yo
también he pasado por eso, y la verdad es que la sensación
de desorientación es tremenda.
Lo
peor es saber que Dios tiene un plan para ti, pero no acabar de verlo
claro por ningún sitio, que cuando se trata de sentir la fe
(cuando la sientes de verdad, no cuando alguien te obliga) te empiezan
a salir preguntas por todas partes. No te preocupes, es normal, puedes
contar conmigo, escríbeme y me lo comentas. Lee despacio los
textos que te propongo en los cuadros de arriba, puede que te ayuden.
Un
abrazo.
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Parábola
del diamante |
Un hombre bueno había llegado
a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar
la noche. De pronto llegó corriendo hasta él un habitante
de la aldea y le dijo: “¡la piedra! ¡la piedra! ¡dame
la piedra preciosa!”.
“¿Qué piedra?”, preguntó el hombre bueno.
“La otra noche se me apareció en sueños un ángel”,
dijo el aldeano, “y me aseguró que si venía a la anochecer
a las afueras de la aldea, encontraría a un hombre bueno que me
daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.
El hombre bueno rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra. “Probablemente
se refería a ésta”, dijo, mientras entregaba la piedra
al aldeano. “La encontré en un sendero del bosque hace unos
días. Por supuesto que puedes quedarte con ella”. El hombre
se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante!
Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano
de un hombre.
Tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando
vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente,
al amanecer, fue a despertar al hombre bueno y le dijo: “Dame la
riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante”.
Comentario:
A veces creemos que tenemos un gran tesoro con las cosas y los proyectos que para la mayoría
de la gente tienen un gran valor, y no es fácil darse cuenta de
que el verdadero valor de algunas cosas reside precisamente en lo que
permiten construir y en lo que nos ayudan a crecer. Así ocurre
también con muchos de nuestros proyectos, incluidos aquellos en
los que sentimos que Dios nos pide un paso más, no basta con tener
bien programado tu futuro, es necesario que sea un futuro que te haga
feliz y te permita construir felicidad a tu alrededor.
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Salmo
desde un corazón disponible |
El
Señor ha puesto su mirada sobre nosotros;
ha puesto su confianza y su esperanza.
El Señor Dios ha hablado
y cuenta con nosotros.
Jesús,
cuenta con nosotros,
para devolver la luz donde hay oscuridad.
Cuenta con nosotros,
para construir entre todos la civilización del Amor.
Allí donde hay egoísmo, tristeza y angustia.
cuenta con nosotros para luchar por la paz
en medio de un mundo donde muchas veces
la solución se encuentra recurriendo
al
uso de la fuerza.
Jesús,
cuenta con nosotros.
Cuenta con nosotros
para que su Palabra llegue al último rincón
de la tierra.
Cuenta con nosotros
para sembrar la semilla de tu Evangelio;
semilla que produce frutos de fraternidad y amor.
Jesús
ha puesto su mirada en nosotros
y nos dice que seamos sal de la tierra.
Sal para dar sentido a la vida;
para hacer ver que merece la pena ser vivida
desde el proyecto de Jesús.
Sal,
porque al igual que sin ella
la comida no es agradable,
sin Jesús, sin su presencia viva entre nosotros,
nuestra vida se vuelve insípida.
nosotros queremos ser sal de la tierra y luz del mundo
porque el cristiano no ha perdido su vigencia;
porque nunca como hoy su papel es tan importante;
porque siempre tendrá algo que decir.
Nosotros queremos ser sal que de sentido,
felicidad y libertad al mundo.
Cuenta con nosotros Señor.
Queremos
ser luz que ilumine
y muestre el verdadero rostro de Dios,
el Dios Amor.
Cuenta con nosotros, Señor.
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CARTA
A LOS JÓVENES
Cardenal
Tarancón
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Hoy
a los jóvenes, todos -a la misma hora que les retacean el presente–
les aseguran que Uds. son el futuro. Lo hacen porque necesitan el voto
de Ustedes, la juventud de Ustedes, tal vez: porque les tienen miedo.
La Iglesia también los necesita. Pero no los necesita para triunfar,
para mandar, para ser fuerte ella y tener llenos sus templos. Los necesita
para existir. Porque, asombrosamente, y aunque el mundo diga lo contrario,
una iglesia vieja, no es la Iglesia de Cristo. Sus valores, lo mejor de
Ustedes, surge de la misma raíz que los valores cristianos.
No tenemos la experiencias de Uds., porque nunca nos pedirán más
de lo que nos exige nuestra fe. No nos intranquiliza el radicalismo de
Uds.: nunca serán más radicales de lo que fue y es Jesús.
Es claro que al ofrecerles el sacerdocio y la vida consagrada no les estoy
pidiendo que se parezcan a nosotros. Les estoy pidiendo que se parezcan
a Jesús, que se atrevan a seguirlo, que aspiren a tanta libertad
como El vivió, que pongan como meta de sus vidas algo tan ambicioso
como El se propuso: la instauración de un mundo radicalmente distinto
a éste en que vivimos, el Reino de Dios en la tierra, que es a
la vez el reino del hombre realizado plenamente.
No es el sacerdocio y la vida religiosa huída de nada, sino un
gran amor a todo, una presencia viva en medio de la humanidad, sin otra
discriminación que la que se hace a favor de los más pobres
y necesitados.
En nombre de Cristo les pido que nos ayuden a ensanchar el mundo, a derrotar
el egoísmo, a arrinconar la violencia y el odio, a hacer un mundo
más humano y más cristiano que el que nosotros hemos hecho.
El sacerdocio y la vida religiosa piden compromisos totales: no piden
que alguien sea “un poco sacerdote, un poco religioso”, que
se le dé a Cristo y a los hermanos “un trozo de vida”.
Piden la Vida entera, piden la renuncia radical a todos esos valores que
parecen ser la sustancia de este mundo en que vivimos: el poder, el dinero,
la moda superficial y pasajera, la lucha por un trozo de prestigio o dominio,
el dominio del hombre sobre el hombre. El sacerdocio y la vida religiosa
auténticos piden un servicio incondicional a los hombres tal y
como Jesús lo realizó hasta la muerte. Piden y exigen un
amor apasionado, una renuncia incluso a la carne, no porque se la desprecie,
sino para poner todo al servicio del amor y la amistad de cuantos nos
rodean.
No les estoy invitando a ser menos hombres, sino a ser más hombres.
A SERVIR MÁS.
Felizmente ya pasó el tiempo en que un sacerdote o un religioso
parecía “un personaje destacado”. Hoy un sacerdote
o religioso auténtico es destacado porque trabaja más, porque
se entrega sin condiciones, porque ama sin fronteras.
Si asumen este estilo de vida no llegarán al triunfo humano y al
éxito económico, serán incluso motivo para las ironías
de los listos de este mundo.
Pero nunca nadie les obligará a apostar por la mentira, caminarán
hacia una esperanza que nunca será defraudada y ayudarán
a sus hermanos, a los hombres, a encontrar un amor que no se pierde.
Atrévanse a conseguir Uds. lo que nosotros no tuvimos el coraje
de hacer.
Atrévanse, sean dignos de Uds. mismos, sean dignos de su juventud.
Porque, lo sepan o no, lo quieran o no, lo mejor de esa juventud de Uds.
es aquello que participa de la eterna juventud de Cristo.
Cardenal
TARANCÓN |
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