¡Estarás harto de que te cuenten historias!
Los trinitarios tenemos 800 motivos para no hacerlo,
porque cada año de nuestra historia
es una nueva razón para creer en la libertad.

Nunca nos ha gustado soñar.
Juan de Mata, el primer trinitario, tampoco lo hacía.
Porque quien desciende a tantos infiernos como hay en este mundo
para romper cadenas, quien se atreve a mirar cara a cara
y escuchar a los que son esclavos de tantas cosas,
no tiene tiempo para soñar.

La experiencia de Dios y la vida en fraternidad
nos hacen tener los pies en la tierra para que,
desde la enseñanza, la atención pastoral de parroquias y cárceles,
la labor asistencial y social a presos,
emigrantes, sin techo y toxicómanos,
sigamos confiando en el valor de la persona
y de la libertad por encima de todo.

Si lo tuyo es soñar,
si te falta valor para ser libre y creer en la libertad, piénsalo…,
tal vez te conviene navegar por otras páginas.

¿Te atreves a seguir?

Hola,

Me llamo Pedro y soy trinitario. Lo mío es la provocación, me gusta ayudar a otros a preguntarse por su vida, a ponerse a la escucha de lo que pasa a su alrededor, A ABRIR LOS OÍDOS A DIOS. Si has llegado hasta aquí es porque algo del texto anterior te ha provocado, te ha dejado inquiet@. Sé lo que se siente, yo también he pasado por eso, y la verdad es que la sensación de desorientación es tremenda.

Lo peor es saber que Dios tiene un plan para ti, pero no acabar de verlo claro por ningún sitio, que cuando se trata de sentir la fe (cuando la sientes de verdad, no cuando alguien te obliga) te empiezan a salir preguntas por todas partes. No te preocupes, es normal, puedes contar conmigo, escríbeme y me lo comentas. Lee despacio los textos que te propongo en los cuadros de arriba, puede que te ayuden.

Un abrazo.

Pedro J. Huerta
Trinitarios
Plaza Cristo de Gracia, 5
14002 - Córdoba
correo electrónico

 

 

 



Parábola del diamante

Un hombre bueno había llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto llegó corriendo hasta él un habitante de la aldea y le dijo: “¡la piedra! ¡la piedra! ¡dame la piedra preciosa!”.
“¿Qué piedra?”, preguntó el hombre bueno. “La otra noche se me apareció en sueños un ángel”, dijo el aldeano, “y me aseguró que si venía a la anochecer a las afueras de la aldea, encontraría a un hombre bueno que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.
El hombre bueno rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra. “Probablemente se refería a ésta”, dijo, mientras entregaba la piedra al aldeano. “La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Por supuesto que puedes quedarte con ella”. El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre.
Tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al hombre bueno y le dijo: “Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante”.

Comentario:
A veces creemos que tenemos
un gran tesoro con las cosas y los proyectos que para la mayoría de la gente tienen un gran valor, y no es fácil darse cuenta de que el verdadero valor de algunas cosas reside precisamente en lo que permiten construir y en lo que nos ayudan a crecer. Así ocurre también con muchos de nuestros proyectos, incluidos aquellos en los que sentimos que Dios nos pide un paso más, no basta con tener bien programado tu futuro, es necesario que sea un futuro que te haga feliz y te permita construir felicidad a tu alrededor.

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Salmo desde un corazón disponible

El Señor ha puesto su mirada sobre nosotros;
ha puesto su confianza y su esperanza.
El Señor Dios ha hablado
y cuenta con nosotros.

Jesús, cuenta con nosotros,
para devolver la luz donde hay oscuridad.
Cuenta con nosotros,
para construir entre todos la civilización del Amor.
Allí donde hay egoísmo, tristeza y angustia.
cuenta con nosotros para luchar por la paz
en medio de un mundo donde muchas veces
la solución se encuentra recurriendo
al uso de la fuerza.

Jesús, cuenta con nosotros.
Cuenta con nosotros
para que su Palabra llegue al último rincón de la tierra.
Cuenta con nosotros
para sembrar la semilla de tu Evangelio;
semilla que produce frutos de fraternidad y amor.

Jesús ha puesto su mirada en nosotros
y nos dice que seamos sal de la tierra.
Sal para dar sentido a la vida;
para hacer ver que merece la pena ser vivida
desde el proyecto de Jesús.

Sal, porque al igual que sin ella
la comida no es agradable,
sin Jesús, sin su presencia viva entre nosotros,
nuestra vida se vuelve insípida.
nosotros queremos ser sal de la tierra y luz del mundo
porque el cristiano no ha perdido su vigencia;
porque nunca como hoy su papel es tan importante;
porque siempre tendrá algo que decir.
Nosotros queremos ser sal que de sentido,
felicidad y libertad al mundo.
Cuenta con nosotros Señor.

Queremos ser luz que ilumine
y muestre el verdadero rostro de Dios,
el Dios Amor.
Cuenta con nosotros, Señor.

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Cardenal TarancónCARTA A LOS JÓVENES

Cardenal Tarancón

Hoy a los jóvenes, todos -a la misma hora que les retacean el presente– les aseguran que Uds. son el futuro. Lo hacen porque necesitan el voto de Ustedes, la juventud de Ustedes, tal vez: porque les tienen miedo.
La Iglesia también los necesita. Pero no los necesita para triunfar, para mandar, para ser fuerte ella y tener llenos sus templos. Los necesita para existir. Porque, asombrosamente, y aunque el mundo diga lo contrario, una iglesia vieja, no es la Iglesia de Cristo. Sus valores, lo mejor de Ustedes, surge de la misma raíz que los valores cristianos.
No tenemos la experiencias de Uds., porque nunca nos pedirán más de lo que nos exige nuestra fe. No nos intranquiliza el radicalismo de Uds.: nunca serán más radicales de lo que fue y es Jesús.
Es claro que al ofrecerles el sacerdocio y la vida consagrada no les estoy pidiendo que se parezcan a nosotros. Les estoy pidiendo que se parezcan a Jesús, que se atrevan a seguirlo, que aspiren a tanta libertad como El vivió, que pongan como meta de sus vidas algo tan ambicioso como El se propuso: la instauración de un mundo radicalmente distinto a éste en que vivimos, el Reino de Dios en la tierra, que es a la vez el reino del hombre realizado plenamente.
No es el sacerdocio y la vida religiosa huída de nada, sino un gran amor a todo, una presencia viva en medio de la humanidad, sin otra discriminación que la que se hace a favor de los más pobres y necesitados.
En nombre de Cristo les pido que nos ayuden a ensanchar el mundo, a derrotar el egoísmo, a arrinconar la violencia y el odio, a hacer un mundo más humano y más cristiano que el que nosotros hemos hecho.
El sacerdocio y la vida religiosa piden compromisos totales: no piden que alguien sea “un poco sacerdote, un poco religioso”, que se le dé a Cristo y a los hermanos “un trozo de vida”. Piden la Vida entera, piden la renuncia radical a todos esos valores que parecen ser la sustancia de este mundo en que vivimos: el poder, el dinero, la moda superficial y pasajera, la lucha por un trozo de prestigio o dominio, el dominio del hombre sobre el hombre. El sacerdocio y la vida religiosa auténticos piden un servicio incondicional a los hombres tal y como Jesús lo realizó hasta la muerte. Piden y exigen un amor apasionado, una renuncia incluso a la carne, no porque se la desprecie, sino para poner todo al servicio del amor y la amistad de cuantos nos rodean.
No les estoy invitando a ser menos hombres, sino a ser más hombres. A SERVIR MÁS.
Felizmente ya pasó el tiempo en que un sacerdote o un religioso parecía “un personaje destacado”. Hoy un sacerdote o religioso auténtico es destacado porque trabaja más, porque se entrega sin condiciones, porque ama sin fronteras.
Si asumen este estilo de vida no llegarán al triunfo humano y al éxito económico, serán incluso motivo para las ironías de los listos de este mundo.
Pero nunca nadie les obligará a apostar por la mentira, caminarán hacia una esperanza que nunca será defraudada y ayudarán a sus hermanos, a los hombres, a encontrar un amor que no se pierde.
Atrévanse a conseguir Uds. lo que nosotros no tuvimos el coraje de hacer.
Atrévanse, sean dignos de Uds. mismos, sean dignos de su juventud. Porque, lo sepan o no, lo quieran o no, lo mejor de esa juventud de Uds. es aquello que participa de la eterna juventud de Cristo.

Cardenal TARANCÓN

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