Taizé Poznan
XXXII Encuentro Europeo de Jóvenes
29 diciembre 2009 - 2 enero 2010

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Una experiencia
de oración y confianza

     Cada año la comunidad de Taizé organiza un Encuentro Europeo de la Juventud en una ciudad europea. En los mismos días en que todo el mundo se reúne para celebrar el final y comienzo del año, miles de jóvenes cristianos de todos los rincones de Europa se reúnen para celebrar la confianza, encontrarse, buscar una esperanza en su corazón.

     Este año el Encuentro ha sido en la ciudad polaca de Poznan. Es la cuarta vez que se celebra una etapa de la peregrinación de confianza en Polonia. Desde hace ya nueve años, en que un pequeño grupo participamos en el Encuentro de Taizé en Barcelona, pasamos esos días descubriendo otra forma de vivir la fe, de creer en Dios, de compartir confianza. Lo cierto es que quien lo prueba repite, o al menos lo intenta repetir.

     Después del encuentro de Barcelona en 2000, hemos participado en los encuentros de Lisboa en 2004, Milán en 2005, Zagreb en 2006, Ginebra en 2007, Bruselas 2008 y Poznan 2009. Ninguno es igual al anterior, pero tienen en común la capacidad de asombro y de oración que nace en los que nos animamos a pasar estos días de fin de año fuera de nuestro país y de la gente con la que vivimos. A nuestra PJV creemos que le ha aportado un elemento de profundización, quien aprender a orar en Taizé aprende a orar con confianza en cualquier momento y lugar.

     Este año finalmente fuimos 11 los participantes, en una convocatoria conjunta de trinitarios y trinitarias. Comenzamos la experiencia visitando la comunidad trinitaria de Cracovia, que nos dieron una acogida espectacular, siempre desde la sencillez propia trinitaria. Tuvimos la oportunidad de visitar el antiguo campo de concentración de Auschwitz, cercano a Cracovia, que nos dejó amárgamente impresionados, para la mayoría de nosotros esa visita ha supuesto un antes y un después en la visión de las personas. Pero estábamos en una peregrinación de confianza, no sólo de confianza en Dios sino también en las personas, por lo que era muy importante recuperar esa confianza, y nada mejor que participando vivamente en el Encuentro de Taizé.

     La experiencia de este año ha sido participando en la vida de una pequeña parroquia en un pueblo al norte de Poznan, Oborniki, donde nos sentimos como en casa, y no es para nada un eufemismo, sino la constatación de una realidad. El frío exterior lo combatimos pronto con el calor interior, regresamos a los viajes en tren diarios, que acaban siendo una oportunidad única para hablar entre nosotros, para cantar, incluso para bailar. El final del viaje fue una oportunidad para conocer un poquito, o recordar, las bonitas ciudades de Wroclaw y Roma. A todos nos quedan un montón de recuerdos, imborrables, de imágenes, de sonidos, asociados para siempre a esa confianza que buscamos y deseamos.

Fotos del Encuentro de Poznan
Testimonios

Grupo de participantes en la parroquia de Oborniki
 
 
Logotipo del XXXII encuentro
 
 
 
 

Testimonios

Un año más, la experiencia de Taizé ha sido inolvidable, díficil de describir y necesaria de vivir. Son muchas las imágenes, los recuerdos, las expresiones, los gestos...que inundan y dan forma a nuestra manera de ser y de vivir, y que evidentemente no podemos dejar caer abandonándolas en "la nieve".

Muchos sabeis mi aficción por los puzzles (por cierto, los Reyes me han traído un puzzle de 2000 piezas de la creación del amor, jejee; así que si en algún momento no me localizais intentar buscarme en mi cuarto haciendo el puzzle...) y la comparación del corazón de cada persona con un puzzle gigante; pues este año hemos conseguido encajar una pieza más, la pieza de Polonia-Poznán-Oberniki, con el pegamento de la acogida y el "calor" que recibimos en cada encuentro, con la superación de las dificultades lingüísticas (es uno de los elementos que más me sigue admirando en los encuentros de Taizé y que más sigue afianzando mi idea de que si los pueblos no se entienden es porque no existe una intención, una voluntad de trabajar conjuntamente en unidad y armonía, no por el hecho de hablar lenguas diferentes), con el abandono de las debilidades físicas, y todo ello barnizado con la capacidad de admiración, de sorpresa, y de confianza en las cosas pequeñas y cotidianas en las que SÓLO ÉL pueda transformar en auténticas joyas. Por supuesto, y de forma muy especial este año enmarcado todo con la experiencia de Oswiecim-Auschwitz... (en este aspecto únicamente puedo remitir a las imágenes que a todos se nos quedaron grabadas).

GRACIAS a todos por haber hecho posible lo vivido, me alegro de seguir uniendo lazos en la gran familia de Taizé. Este año me quedo con un texto de la carta de China, en la reflexión del hermano Alois sobre la carta recibida por un joven enfermo: "Ahora sé qué significa la confianza. No puedo dejar que la enfermedad capte toda mi atención".
Espero que la experiencia de Taizé nos ilumine durante todo este año y que nos ayude a no centrar toda nuestra atención en "nuestras enfermedades".

Mª Carmen López de la Torre

 
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