En las
lecturas que acaban de escuchar, yo encuentro estos tres pensamientos,
que serán como el mensaje de la Navidad: Primero, es cuando
el apóstol y evangelista San Lucas hablando de María
dice: "se le llegó la hora". Segundo pensamiento, es recoger
de las tres lecturas las maravillosas descripciones o calificativos
que se hacen de ese niño que nace en Belén; tercera
consideración es el llamamiento que la palabra de Dios hace
a cada uno de nosotros como colaboradores en esta empresa que Dios
ha mandado realizar a su propio hijo.
1º. POR QUÉ ESTA ALEGRÍA
El primer pensamiento, pues, se refiere a explicarnos
el porqué de esta alegría de Navidad. Parece como si
esta noche, 24 de diciembre de 1977, por primera vez los ángeles
cantaran sobre todos nuestros pueblos: "Gloria a Dios en el cielo
y paz a los hombres". Y parece como que los hombres escuchan por
primera vez con la sorpresa de una buena noticia, lo que los ángeles
anuncian en Belén: "Os anunciamos una buena nueva, hoy os
ha nacido un Salvador".
Es una hora solemne, hermanos, la que el evangelista
hablando de María dice: le llegó su hora, no solamente
la hora que llega a cada mujer cuando va a dar a luz a su hijo, sino
que ese hijo que va a brotar de las entrañas virginales de
María marca una hora tan solemne en el momento de su nacimiento
que desde ese punto el mundo se divide, y la historia, en un antes
de Cristo y después de Cristo. Antes de Cristo todo era esperanza,
promesa, profecía. ¿Tú eres el que ha de venir
o esperamos a otro?, le decían a Cristo cuando ya le vieron
presente; el esperado de las naciones. Era la esperanza de los viejos
profetas y patriarcas la que hoy se hace realidad en el niño
que nace y, a partir de Belén, toda aquella esperanza que
ha llegado a la plenitud de los tiempos, a la realización
de Dios, ya no puede vivir sin Cristo. Desde ese momento, se puede
decir lo del Concilio "El Señor de la historia", y aún
esa historia que era antes que Él, no ha habido un nacido
de mujer del cual se haya hablado con tanta profundidad antes de
nacer como de Cristo nuestro Señor. ¿Qué es
lo que viene a marcar esa hora de Cristo? Viene a marcar el gran
ideal de Dios sobre los hombres: "Gloria a Dios en el cielo y paz
a los hombres que ama el Señor". No es que Dios espere de
la benevolencia humana como el motivo para ser bueno con los hombres.
En esto conocemos que nos ha amado tanto, en que siendo pecadores
y viviendo de espaldas a Dios él nos ama y ha trazado un proyecto
sobre nosotros los pecadores, el proyecto que el profeta Isaías
nos ha descrito esta noche como un reino que va a ser construido
por ese niño, un reino con una paz sin límites, un
reino sostenido y consolidario con la justicia y el derecho, un reino
que durará ahora y por siempre, o como San Pablo lo ha descrito
en su carta a Tito que se ha leído, se trata de que este Cristo
viene a formarse un pueblo purificado de sus pecados que será su
gloria, no sólo en el tiempo sino en la eternidad.
CRISTO EN LA HISTORIA
Hermanos, con Cristo Dios se ha inyectado en la
historia, con el nacimiento de Cristo el reino de Dios ya está inaugurado
en el tiempo de los hombres. Desde hace veinte siglos todos los años
esta noche recordamos que el reino de Dios ya está en este
mundo y que este Cristo ha inaugurado la plenitud de los tiempos.
Ya su nacimiento marca que Dios está marchando con los hombres
en la historia, que no vamos solos y que la aspiración de
los hombres por la paz, por la justicia, por un reino de derecho
divino, por algo santo, está muy lejos de las realidades de
la tierra; lo podemos esperar, no porque los hombres seamos capaces
de construir esa bienaventuranza que anuncian las sagradas palabras
de Dios, sino porque está ya en medio de los hombres el constructor
de un reino de justicia, de amor y de paz.
RETORNARÁ
Estamos en la plenitud de los tiempos. Desde la
primera venida de Cristo que marca el origen del cristianismo hasta
la segunda venida, a la cual se refiere también San Pablo
diciéndonos a los que estamos celebrando la Navidad que, si
hoy hay alegría en el recuerdo de aquella espera de Cristo
hace veinte siglos, los cristianos deben de vivir la gran alegría,
la gran esperanza de que retornará para coronar la plenitud
de los tiempos a recoger todo el trabajo de su Iglesia, a recoger
toda la buena voluntad de los cristianos, todo lo que se ha sembrado
en el sufrimiento, en el dolor, lo recogeremos convertido ya en el
reino definitivo que no puede dejar de cumplirse. Vendrá ese
reino de justicia, vendrá ese reino de paz, no nos desanimemos,
aun cuando el horizonte de la historia como que se obscurece y se
cierra, y como si las realidades humanas hicieran imposible la realización
de los proyectos de Dios. Dios se vale hasta de los errores humanos,
hasta de los pecados de los hombres, para hacer surgir sobre las
tinieblas lo que ha dicho Isaías: "Un día se cantará también
no solo el retorno de Babilonia sino la liberación plena de
los hombres. El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran
luz; habitaban tierras de sombras pero una luz ha brillado".
En esta noche Santa, hermanos, la luz que fulgura
en Belén es el signo de nuestra esperanza, no nos desanimemos
ante las pruebas de nuestra esperanza, esperemos contra toda esperanza,
aferrémonos a esa plenitud de los tiempos, vivamos ese ideal
de Dios que tiene que realizarse. La Navidad es un mensaje de optimismo
que yo quisiera clavar muy adentro en el corazón de cada cristiano
para que esta noche marcara, como la palabra divina nos lo está haciendo,
una noche que marque el principio de un reino de Dios que se espera
con seguridad.
2º. CRISTO, EL CONSTRUCTOR DEL REINO
¿Por qué? Este es mi segundo pensamiento;
no lo vamos a hacer nosotros los hombres, ese reino ya lo está construyendo
Cristo. Hemos oído con qué belleza nos ha descrito
el profeta Isaías la bella figura de Cristo Nuestro Señor.
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, lleva al hombro
el principado y es su nombre maravilla de consejero, Dios guerrero,
padre perpetuo, príncipe de paz, para dilatar el principado
con una paz sin límites, sobre el trono de David, y sobre
su reino. Cuenta la historia que cada vez que un descendiente de
David era ungido como sucesor en el trono que Dios había prometido
mantener, se pronunciaban como un ritual estas palabras de Isaías,
en las cuales no era propiamente el hombre que se coronaba en el
trono de David el que iba a realizar este proyecto de Dios, sino
que se pensaba en la profecía. Todos los reyes de la dinastía
davídica tenían un ideal y se realizaría no
con un simple hombre de la historia, sino cuando ese hombre fuera,
al mismo tiempo, un Dios, Emmanuel, Dios con nosotros; de tal manera
que los reyes de Israel y de Judá sabían que ellos
eran muy limitados, pecadores, imperfectos, y que ningún rey,
ningún gobernante, puede realizar la plenitud del proyecto
de Dios. Y la Iglesia y el reino de Dios será el que le toca
criticar, concientizar, analizar, que a los reinos de la tierra todavía
les falta justicia, les falta paz, les falta eficiencia, y sólo
cuando el rey verdadero anunciado por Dios, Cristo, sea verdaderamente
el rey de todos los corazones, entonces habrá ese reinado
que Dios proyecta. El rey ideal nunca se realizó en el trono
de David hasta esta noche en que pudieron cantar los ángeles
las palabras del profeta: "ha nacido ya el niño y sobre su
hombro está ya un reinado de paz, de justicia y de amor".
JESUCRISTO, EL SEÑOR
Sólo Cristo lo puede dar, por eso también
leemos en la segunda lectura, donde San Pablo define a este Cristo,
esta Navidad, como la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador
nuestro: Jesucristo. En esta noche, hermanos, nos acercamos a una
cuna que no es la de un niño, es la de un Niño Dios
y, ante esa cuna, esta palabra de San Pablo debe ser la iluminación
de nuestra fe, confesión de su divinidad: "Es el gran Dios
y salvador nuestro que ha nacido: Jesucristo". Y por eso también
en el evangelio, cuando los ángeles van a anunciar a los pastores
al recién nacido en Belén lo describen así: "os
ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor". Miren
que tres bellos nombres: "os ha nacido un salvador, el Mesías,
el Señor". Mencionar "Señor" en aquellos tiempos en
que se escribió el evangelio era dirigir un reto a los ídolos
de la tierra. Para el cristiano no hay mas que un Señor, ha
nacido hoy y hemos de adorarlo, al único Señor ante
los hombres, ante el cual los hombres deben doblar las rodillas;
ante ningún otro Señor de la historia ni del tiempo;
Cristo es el Señor, Cristo es el Mesías, Cristo es
el Salvador.
3º. LO QUE DIOS ESPERA DE LOS HOMBRES
Y finalmente, hermanos, si éste es el proyecto
de Dios y su propio hijo es el artífice de ese proyecto, no
quiere hacerlo solo. El tercer pensamiento de este mensaje navideño
es traducir de la palabra divina lo que Dios espera de los hombres.
Lo que Dios encuentra muchas veces es la oposición, es el
desprecio de Dios; y aquí en la lectura de Isaías encontramos
cómo las sombras que se cernían sobre aquella región
de tinieblas era precisamente el fruto del atropello que los hombres
hacían. Pero ya anuncia Isaías: "la vara del opresor,
el yugo de carga, el bastón de su hombro los quebrantará como
en día de Madián. La bota que pisa con estrépito
y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto
de fuego". No es el triunfo de la grosería ni de los hombres
lo que va a prevalecer; está profetizado que los hombres también
que se oponen al reino de Dios servirán para manifestar más
el esplendor de la gloria de Dios y se convertirá en combustible
de incendio todo aquello que se opone al reino de Dios.
TODOS, INSTRUMENTOS DE SU REINO
En cambio, encontramos en la lectura del Nuevo Testamento,
el evangelio y San Pablo, cómo hasta los hombres que ignoraban
a Cristo Dios los hace instrumentos de su reino. Oyeron cómo
comenzó el evangelio de hoy: "Salió un decreto del
emperador Augusto y un censo que hizo Cirino gobernador de Siria".
Los gobernantes, los grandes de la tierra, son instrumentos de Dios. ¿Quién
le iba a decir al imperio romano que toda su grandeza iba a terminar
aquí, de rodillas ante la cuna del Niño Jesús? ¿Quién
le iba a decir al emperador Augusto que su orden de irse a empadronar
cada uno a su pueblo de origen iba a ser obedecida por José desde
Nazaret y María para que Cristo cumpliera una profecía,
nacer en Belén?. Los hombres, aún sin saberlo, somos
instrumentos de Dios, pero, cuando el hombre no se opone a Dios y
no ignora a Dios sino que se hace conscientemente instrumento de
Dios, es María, es José, es el grupo de pastores, es
Pablo apóstol, es la Iglesia, somos los cristianos, que habiendo
recibido en el bautismo la incorporación a este pueblo santo
que Cristo se está formando para hacerlo presente en todas
las horas de la historia, tenemos que escribir estas consignas que
nos da San Pablo hoy.
¿DE QUÉ GRUPO SOMOS?
Trae Dios la salvación y nos está enseñando
a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos
y a llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando
la dichosa esperanza. Hermanos, esta es la llamada de Dios en esta
noche. Cómo quisiera yo ir acercándome a cada corazón
para preguntarle: ¿a cuál de estos grupos humanos perteneces
en esta noche santa? ¿a los que se oponen a Dios y siembran
tinieblas en la tierra? ¿a los que desconociendo a Cristo
le sirven sin saberlo de instrumento de su reino como el emperador
y los grandes en tiempo de Cristo? Ojalá sean mas bien como
el tercer grupo, el de la Virgen, el de los pastores obedientes,
el de los que acuden al llamamiento del Señor.
CRISTO ESTÁ NACIENDO HOY
Nosotros, los cristianos, tomemos conciencia en
esta noche que Cristo no nació hace veinte siglos, Cristo
está naciendo hoy en nuestro pueblo, en nuestro corazón,
en la medida en que cada cristiano trate de vivir a integridad el
evangelio, la vida cristiana, las consignas de la Iglesia verdadera
de Dios, en esa medida cada uno de nosotros es como el apóstol,
es como María, es como el pastor que da gloria a Dios, canta
la alegría de haber conocido a Cristo y trata de llevar esa
noticia a otros como los pastorcitos de Belén. Para esto es
necesario convertirse sinceramente a Cristo, convertirse al amor
que nos visita, hacer eco a la bondad infinita de Dios que nos trae
la redención; no rechazarla, no ser tiniebla, ser corazón
abierto como una cuna para que nazca Cristo en cada alma esta noche
y desde entonces se inunde de luz cada corazón para cantar
con los ángeles el anuncio que tenemos que llevar a todos
los hombres, a toda la sociedad, a toda la patria: "Os ha nacido
un salvador". Hermanos, desde este mensaje de la gloria de Dios,
de la paz a los hombres, quiero decirles respaldado por la palabra
divina: ¡FELIZ NAVIDAD! |