1. La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados
por la humanidad, pero, al mismo tiempo, uno de los más frágiles
y amenazados. Rastreando las huellas de la historia humana, en vano
buscaríamos un estado duradero de paz. La humanidad pareciera
seguir la consigna: "Si quieres la paz, prepara la guerra".
A la causa de la guerra total está contribuyendo hoy el choque
de civilizaciones , que constituye el guión de la política
internacional y asigna a las religiones la función ideológica
de legitimar el enfrentamiento entre civilizaciones y culturas.
Otro obstáculo para el logro de la paz en el mundo son los
distintos terrorismos: el de Estado y del Imperio , que,
en aras de su poder omnímodo, agrede a sociedades enteras;
el ecológico , que defiende las hazañas
tecnológicas más deslumbrantes generando muerte en
derredor, sin resolver el problema de la pobreza; el terrorismo
de masas , que, a veces, surge de la miseria y de la marginación;
el terrorismo de raíz religiosa , que apela a la
imagen de un Dios violento, muy presente en la mayoría de
las religiones y en los teísmos políticos, para justificar
las acciones terroristas, las agresiones bélicas y las invasiones
de otros países.
2. No podemos desconocer otra de las más graves manifestaciones
de la violencia: la que genera desigualdad y pobreza: 2.500 millones
de seres humanos malviven con menos de dos euros al día; 35.000
niños y niñas mueren de hambre; las 500 personas más
ricas del planeta suman más ingresos que los 416 millones
de personas más pobres; 18 países, con 460 millones
de habitantes, han empeorado su nivel de vida en los últimos
15 años; en España hay más de 8 millones de
pobres. Llama la atención, sin embargo, que se condene la
violencia del terrorismo y se silencie la violencia que sufren los
pobres.
3. Objeto de análisis en el Congreso ha sido la violencia
contra las mujeres en la sociedad y en las religiones, que
no se llevan bien con las mujeres, y especialmente en la Iglesia
católica, cuya jerarquía no suele condenar la violencia
de género y, en algunos casos, la fomenta y la ejerce. La
violencia está muy presente también en el deporte
y en la educación.; clama al cielo la que se ejerce contra
los niños, como demuestra la terrible situación de
los niños esclavos en África.
4. Al actual clima de violencia contribuye el incremento en los
gastos militares, que en 2004 ascendió a 1 billón de
dólares en todo el mundo, cuyas principales consecuencias
son: el sobredimensionamiento de las fuerzas armadas, la potenciación
de la industria de armas y de su comercio y la investigación
científica con fines militares.
5. Tras el análisis hemos intentado buscar las raíces
de las distintas formas de violencia, ya que sólo yendo a
las causas se puede poner remedio a sus efectos perversos. Y éstas
son las siguientes: antropológica: la agresividad es tan innata
en el ser humano como el hambre, el sexo y el miedo; económica:
el sistema neoliberal vigente hoy en la mayoría de las sociedades
es estructuralmente injusto y generador de pobreza y exclusión;
el sistema patriarcal, que ejerce sistemáticamente la violencia
de género contra las mujeres; las propias religiones: existe
una falta de sintonía entre los mensajes de paz que ofrecen
las religiones y algunas de sus manifestaciones históricas
violentas a través de las cuales han logrado imponerse por
la fuerza de las armas. El cristianismo ha fomentado y practicado
la violencia para convertir a los creyentes de otras religiones,
conquistar territorios e imponer su fe. Incluso la doctrina social
de la Iglesia ha elaborado una teología de la guerra justa
sin preocuparse por elaborar una teología de la paz. No fue ése,
sin embargo, el espíritu de Jesús de Nazaret, quien
continúa las huellas del pacifismo de los profetas, se inscribe
en el camino de la sabiduría, trata a Dios con la cariñosa
apelación de Abba y fue él mismo víctima
de la violencia por denunciar un status político-religioso
injusto y violento.
6. Tras el análisis de la violencia y de sus causas, el Congreso
quiere ofrecer unas propuestas concretas:
- Creemos necesario transferir recursos del gasto militar a las
necesidades sociales, que exigiría entre otras prácticas:
la destrucción generalizada de los arsenales nucleares y convencionales,
la reconversión de la industria militar hacia las producciones
civiles y la desaparición de las alianzas militares, junto
con acciones de responsabilidad individual y colectiva como las objeciones
fiscal, laboral, científica y financiera.
- Somos partidarios del método de la no-violencia activa
liberadora, defendida por la mayoría de los líderes
religiosos y morales que trabajan por un mundo reconciliado frente
a guerras, dominaciones y terrorismos, aun reconociendo sus importantes
limitaciones. En la tradición cristiana nunca han faltado
minorías críticas con la violencia y defensoras de
la paz, basadas en el Sermón de la Montaña, como Francisco
de Asís, los mennonitas (siglo XVI), el Movimiento de los
Hermanos (siglo XVII) y los cuáqueros (siglo XVIII). Los teólogos
de la liberación han dado importantes pasos en este terreno.
- Es necesario pasar de la actual globalización de la violencia
a la mundialización de la paz, que implica la solución
de los conflictos a través del diálogo, y sustituir
la actual teología de la guerra justa por una teología
de la paz. Ello exige comprometerse con la causa de la reconciliación
para fomentar una convivencia pacífica y un desarrollo justo
y sostenible, y crear una cultura de la paz en todos los ámbitos
de la realidad: la educación, la familia, las religiones,
el deporte...
En definitiva, la alternativa a la violencia es el diálogo
entre culturas y religiones y el trabajo por la justicia. No hay
paz social, sin justicia económica y ecológica. Como
afirma el salmo "la justicia y la paz se besan".
Madrid, 11 de septiembre de 2005.