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| Las Huellas que dejaron... | |
| Miguel de los Santos | |
| Juan Bautista de la Concepción | |
Simón de Rojas, un Bisbal de hace cuatro siglos |
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| Juan Gil, un trinitario que hizo posible el Quijote | |
| Macos Criado, la palabra contra la violencia | |
| Félix de Valois, el Copiloto | |
| Tomás de la Virgen, cuando juventud y enfermedad se encuentran | |
| Isabel Canori, Mujer, Madre y Esposa | |
| Ángela Autsch, luz de esperanza en los campos nazis | |
| Mártires de Argel: Bernardo Monroy, Juan de Águilas, Juan Palacios | |
| Mártires trinitarios del siglo XX | |
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de Juan Bautista de la Concepción |
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Juan se educó con los carmelitas de su pueblo. Ingresa en la Orden Trinitaria en Toledo en el año 1580, teniendo por maestro de novicios al P. Alonso Alonso de Rieros, quien les inculca la devoción a la pasión de Cristo. Después realizó la Filosofía y la Teología en la universidad de Alcalá de Henares. Fue ordenado sacerdote en 1585. Tenía grandes cualidades para la predicación, encendía los corazones e inducía a la conversión mostrándo el infinito amor de Dios, frente a la pequeñez y el pecado del hombre. Juan ejerció de predicador durante cinco años en la Guardia (Toledo). Su fama de orador fue creciendo y posteriormente fue destinado como Predicador Mayor a Membrilla (Ciudad Real) y a Sevilla, que era el principal convento de la provincia de Andalucía. En aquella época toda la Iglesia vivía un periodo de Reformas, existía la sensación de que la vida religiosa se había relajado y acomodado, por lo que se pedía una vivencia más fiel y auténtica al Evangelio y a la Regla de cada congregación religiosa. Órdenes como Carmelitas o Agustinos ya habían puesto en marcha su reforma. Los trinitarios españoles aprobaron abrir una casa con este fin en Valdepeñas. La forma de vida y el pensamiento de Juan se identificaban con este espíritu de reforma. De hecho fue invitado a formar parte de la comunidad de Valdepeñas, sus hermanos de Sevilla –religiosos de gran valía cómo Martín de Virúes y Hernándo de Zafra– declararon que vivía como un recoleto. Parecía que Dios lo llamaba por este camino. En su discernimiento le ayudó el carmelita descalzo Agustín de los Reyes, amigo y antiguo profesor que reencontró en Sevilla. En 1596 Juan vive una fuerte experiencia que cambiará su vida. En el mes de febrero va de Sevilla a Andujar a dar la bienvenida al Comisario General, P. Diego de Guzmán. Cerca de Écija se desencadena una terrible tormenta de relámpagos, truenos y centellas; el jumento que lo portaba se desboca. Juan lleno de miedo y perdido en la tempestad hace voto de entrar en la comunidad recoleta de Valdepeñas si sale bien de aquel trance. Después llegó la calma. Juan interpretó en aquel acontecimiento una fuerte llamada de Dios, a la que respondió de forma definitiva con aquel voto. En Andujar, comienzan los problemas, el P. Diego le comunica su intención de mandarlo al convento de Madrid, como predicador. Juan se ve en una encrucijada y recurre a la Madre de Dios diciéndole: “Si vino del cielo el hacer yo aquellos votos, venga del cielo cumplirlos”. María cambió la voluntad del comisario, puesto que a la mañana siguiente le dice que vaya a Valdepeñas y le pide que vele y cuide de la reforma. Camino a Valdepeñas pasa por el Santuario de la Virgen de la Cabeza y por su pueblo, donde se despide de su madre, antes de ingresar en la comunidad. Después de un tiempo de experiencia, ante innumerables dificultades para hacer progresar la reforma, por parte de los propios religiosos y superiores, decide ir a Roma para pedir al Santo Padre un documento -el Breve de la Reforma- que le confiera protección pontificia e independencia a esta iniciativa. Dos veces intenta viajar a la ciudad eterna. La segunda en medio de grandes dificultades, la culmina el sábado santo y entra a la ciudad mientras las campanas tocaban a gloria por la Pascua. Era el año de 1598, justamente cuatro siglos antes los fundadores de los trinitarios Juan de Mata y Felix de Valois llegaban a Roma con el mismo fin. En Roma, ante la oposición de los Trinitarios calzados, se hospeda en los carmelitas descalzos de Santa María de la Escala, en el Trastevere. Después de innumerables dificultades consigue del Papa Clemente VIII el tan deseado “Breve de la Reforma” encabezado como “Ad militantis Ecclesiae Regimen” y aprobado el 20 de Agosto de 1599. Vuelve a España para poner en marcha de la Reforma de los Trinitarios Descalzos. Encuentra la oposición de los Calzados y pasa por muchas pruebas y dificultades. Pero Él tenía claro que seguía la voluntad de Dios y tenía el apoyo de la Iglesia por lo que busca protectores para llevar a cabo el proyecto de Dios. Juan Bautista de la Concepción va implantando la Reforma con ahínco y ardor. Funda casas, recibe nuevos candidatos, los forma en una espiritualidad basada en la oración, en el celo apostólico y el espíritu de sacrificio y pobreza. Dios premia su esfuerzo con un gran número de vocaciones y con la fundación de nuevas casas hasta que en 1605 alcanzan el número de casas que el Breve exigía para fundar una provincia descalza. San Juan Bautista fue el primer Provincial. Prosigue su actividad llegando a fundar hasta 16 casas y el monasterio de Religiosas Trinitarias Descalzas de Lope de Vega, en Madrid. En medio de tanta actividad aún encontró tiempo para escribir nueve tomos de enseñanzas y doctrina y numerosas cartas y sermones en los que trasmite su espiritualidad y experiencia. Hoy es reconocido como uno de los grandes escritores Místicos del “Siglo de Oro” español. La hora del encuentro con el Padre le sorprende en Córdoba, en medio de su actividad itinerante y fundadora. Tenía 51 años. Antes de morir exclamo: “Señor he hecho cuanto he podido” y dijo a sus hermanos: “Hijos míos no se aflijan que en el cielo les serviré mejor”. Pasó al seno del Padre el 14 de febrero de 1613. Sus restos se veneran en Córdoba. Fue beatificado en 1819. Pablo VI lo canonizó en 1975. Su fiesta se celebra el 14 de febrero. Las Diócesis de Córdoba y Ciudad Real también celebran su memoria. A nivel literario es reconocido como un gran escritor Místico.
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de Simón de Rojas
Simón de Rojas, un “David Bisbal” de hace cuatro siglos.
“El cantante del Ave María” y el “Padre Ave María”. David Bisbal nos hizo cantar a todos su famoso “Ave María, cuándo serás mía…”, popularizando por todo el mundo su particular Ave María. Cuatro siglos antes vivió un trinitario que también propagó por toda la sociedad su particular Ave María. David Bisbal dedicaba su canción a una deseada joven, fue su primer éxito comercial, el que le cambió la vida tras pasar por “Operación Triunfo”. A Simón de Rojas le cambió la vida por encontrar a María, la joven muchacha de Nazareth, la madre de Jesús. Ésta le hizo experimentar una particular “Operación Triunfo”, que hizo de toda su vida un canto a María, algo más, que un simple single.
Los inicios de ambos fueron modestos. Ambos de corazón latino y de familias de clase Media, salvaguardando el salto histórico. David en Almería y nuestro trinitario en Valladolid. Simón nació el 28 de octubre de 1552, sus padres fueron Gregorio Ruiz y Constanza de Rojas. Fue el tercero de cuatro hermanos.
En el colegio parece que no fueron muy brillantes. Bisbal abandonó los estudios en BUP, para estudiar forestales y luego trabajar en un vivero. Simón es descrito por un lumbreras de su tiempo -Fray Paravicino- como “rudo, simple e ignorante” y con dificultades para comunicarse, ya que era tartamudo.
Descubren su vocación. Bisbal comprende que su vocación, desde siempre, es la música y lucha por cumplirla. Se entera que hay un casting para buscar vocalista para la “Orquesta Expresiones” y consigue el trabajo. Simón descubre que su vocación es ser trinitario, dar la vida para liberar a otros y glorificar a Dios Trinidad, y lucha por cumplirla. Desde pequeño tiene una gran devoción a María, en quien se apoya para superar sus dificultades. Un día en una intensa oración, siente como María lo libra de su tartamudez para anunciar el amor de Dios y de María a todo el mundo. Era necesario estudiar para realizar su vocación por lo que se aplica, confiado en ella, y no sólo terminó sus estudios de Teología en Salamanca, además fue profesor durante ocho años; con tal fama que el mismo fray Paravicino, que lo criticó de pequeño, dice de él: “fue de los primeros, aventajado y docto en ciencias”. Pero no sólo en el estudio destacaba, también en su trato con los demás, sus consejos y apoyo a quien lo necesitaba y en su capacidad para animar y coordinar a los demás. Por este motivo varias comunidades lo pidieron de ministro (ya sabéis que así es como se llama a los superiores de las comunidades de los Trinitarios, y que esta palabra, que proviene del latín, significa “servidor”). Fue ministro de comunidades como Madrid, Cuenca, Medina del Campo… Además fue visitador de la comunidades Trinitarias y confesor.
Su pasión, sus dotes y su apoyo. De Bisbal las conocemos bien, su pasión la música, hacer que miles de personas sean felices cantando y bailando sus canciones; sus dotes son una maravillosa voz y una gran simpatía para ganarse al público; su apoyo el cariño de su familia, sus fans y de una compañera, que como en la canción de “Ave María”, busca pero no sabemos si la ha encontrado. La pasión de Simón fueron los pobres, trabajando por ellos, sentía que respondía al gran amor que recibía de Dios y de María. Visitaba a encarcelados y enfermos, los ayudaba con limosnas y consejos, y llegó a fundar un comedor para pobres en Madrid que aún permanece abierto, después de cuatro siglos; sus dotes fueron su capacidad de escuchar a los otros y a Dios, y su acierto para acompañar y aconsejar a quienes lo estaban pasando mal, por lo que fue confesor, visitador de comunidades trinitarias y escribió un tratado sobre la Oración; su apoyo principal fue María, tanto que para saludar usaba siempre la expresión “Ave María”. Estaba tan apasionado por ella que quería hacer llegar a todos su amor, para ello promovió su devoción fundando la “esclavitud mariana” y la “Congregación del Ave María” para que el amor de María llegase a los más olvidados y abandonados.
Operación Triunfo. David Bisbal saltó a la fama con este programa y gracias a él, su música, su arte y su “Ave María” se conocieron en el mundo entero. Simón de Rojas vivió su particular Operación Triunfo. Su fama de consejero se extendió en Madrid, hasta el punto que la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe III, lo elige como confesor personal. Esta será la plataforma que hará que su “Ave María” –su devoción a la Virgen y su amor por los pobres- resuene en toda la sociedad de su época. La reina le pide que deje a los pobres si quiere seguir siendo su consejero. Simón le contesta que si le da a elegir entre la Reina y los pobres, opta por los segundos. Tal honestidad y valentía le hace ganarse el reconocimiento de la reina y de otros grandes de la época, ayudándole en sus obras a favor de los pobres y en su divulgación de la devoción a María.
La fama. Bisbal la tiene y desde aquí le deseamos lo mejor. La admiración y fama de Simón de Rojas se extendió por Madrid y toda la sociedad española. Cariñosamente fue conocido por todos como el padre “Ave María”. Continuó con su trabajo a favor de los necesitados y como confesor hasta que falleció en el año 1624. Fue venerado como santo por pobres y poderosos. En 1766 fue beatificado por el papa Clemente XIII y canonizado en 1988, por el gran Papa Juan Pablo II. Los trinitarios celebramos su fiesta cada 28 de septiembre.
Sé que las comparaciones son odiosas y estos dos personajes incomparables, sin embargo espero que este paralelismo a partir de un personaje conocido nos ayude a conocer y querer más a uno de los grandes personajes de la familia trinitaria, un trinijoven de hace cuatro siglos.
de Juan Gil
JUAN GIL. UN TRINITARIO QUE HIZO POSIBLE EL QUIJOTE.
En este mes de abril se cumplen cuatrocientos un años de la primera edición del Quijote. El año pasado en el cuarto centenario todos nos recordaban la trascendental importancia que esta novela tuvo en la historia de la literatura y la genialidad de este gran escritor; pero pocos saben el decisivo papel que un religioso trinitario jugó en la vida del novelista, antes de escribir su obra cumbre. Éste trinitario se llamaba Juan Gil.
Juan Gil nació en Arévalo (Ávila) en el año 1535. En su ciudad conoció a los Trinitarios, pues allí tenían una comunidad. Lo que más le impresionó fue saber que estos religiosos se dedicaban a rescatar a los cautivos cristianos que habían caído presos en las guerras entre cristianos y musulmanes. La redención de cautivos la hacían principalmente de tres formas: la más común era recaudando dinero de limosnas y pagando a los musulmanes una cantidad por cada prisionero; la segunda consistía en intercambiar cautivos musulmanes por cautivos cristianos, dando la libertad a ambos; la tercera y más heroica, cuando faltaba el dinero, era quedarse un religioso cautivo como precio para liberar a otros, esperando una nueva redención. Algunos murieron mártires antes de que llegasen de nuevo a liberarlos.
Juan Gil quedó admirado por la misión de los trinitarios, que en época de guerra de religiones buscaban devolver al hombre su libertad y dignidad, de forma pacífica, liberando a cristianos y musulmanes y dando la propia la vida.
Juan decidió ser Trinitario, redentor de cautivos. Para ello ingresó en la Orden Trinitaria. Realizó sus estudios en Valladolid y Salamanca. Ocupó importantes cargos en la Orden, pero lo que verdaderamente le hizo feliz, fue un día de 1580, en el que le nombraron “Redentor de cautivos”, quería ser instrumento de liberación. Inmediatamente comenzó a organizar todo, a ir por los conventos y ciudades a recoger dinero para la próxima redención.
Ese mismo año tuvo lugar la batalla de Lepanto. A pesar de la victoria cristiana se tuvo noticia de que la fragata “Sol”, en su camino de regreso fue asaltada por piratas argelinos y todos sus ocupantes fueron hechos prisioneros y conducidos a las mazmorras de Árgel. Entre ellos viajaba Miguel de Cervantes, partícipe en la contienda, en la que la una herida en su brazo izquierdo le proporcionaría el apelativo de “el manco de Lepanto”.
Ante las noticias de los sufrimientos de los prisioneros cristianos los trinitarios organizan una nueva redención, dirigida por Juan Gil. Le acompañaba el padre Antonio de la Bella, natural de Baeza (Jaén). Soportando las durezas del camino y la travesía en barco llegaron a Árgel. Se pusieron en contacto con el reyezuelo musulmán y visitaron las mazmorras. Liberaron a 186 cautivos con la suma que llevaban. Sin embargo el amo de Cervantes Alí Bajá, reconociendo su valía, se negaba a dejarlo en libertad por una baja cantidad, pedía 500 escudos y al trinitario sólo le quedaban 280. Juan no se amedrentó ante la dificultad y confiado en Dios, salió a buscar dinero de entre los mismos mercaderes y cautivos liberados de Árgel. Sorprendentemente consiguió los 220 escudos, que le faltaban y Cervantes vivió uno de los momentos más felices de su vida al ser liberado, y quedó profundamente agradecido a los trinitarios. Este gozo y agradecimiento lo relató en su obra El trato de Argel.
Cervantes fue conducido de nuevo a España y se reecontró con sus seres queridos y su inspiración. De nuevo pudo volver a soñar, a inventar sus historias que reflejaban los ideales, esperanzas y sufrimientos del hombre.
La amistad con Juan Gil y los Trinitarios continuó, muestra de ello es que en 1609, viviendo en Madrid, se inscribe en una Cofradía Trinitaria del Santísimo Sacramento y como relata una lápida del Convento de las Trinitarias de la calle Lope de Vega de Madrid, su última voluntad fue que sus restos descansaran en este templo ligado a la Orden. Cervantes falleció el 23 de abril de 1616. Y aún hoy cada 23 de abril la Real Academia Española, en corporación, asiste una misa funeral por el gran escritor.
De Juan Gil, se conocen pocos datos más, realizó otras redenciones y murió en 1604. Pasó a la historia como “el redentor de Cervantes”. En 1605 aparecerá la primera publicación del Quijote. En esta magnífica novela Cervantes escribe “la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Esto fue lo que experimentó cuando en su vida se cruzó Jun Gil, e hizo posible que la genialidad de este hombre siguiera creciendo libre, idealista y realista a la vez, plasmándola en la fabulosa obra del Quijote.
Acta por la que la madre y la esposa de Miguel de Cervantes hacen entrega a Fray Juan Gil y Fray Antón de la Bella de un donativo para su rescate. Se puede ver la firma de ambos.
de Miguel de los Santos
SAN MIGUEL DE LOS SANTOS. EL GLOBO VOLADOR O EL HUMANO PLENO
El 8 de junio se celebra la fiesta de San Miguel de los Santos, protector de la juventud trinitaria, por lo que os invito a conocerlo.
La mayoría de sus biografías nos lo presentan como ser angelical, un modelo de virtudes y perfección, que desde pequeño ayunaba, se mortificaba, hacía sacrificios. Un ser angelical sin afectos, que rechazaba todo lo humano y toda pasión. Algunos biógrafos lo presentan como un místico “volador”, ya que no controlaba sus impulsos y terminaba levitando por las bóvedas de las Iglesias y capillas donde rezaba, alguna vez incluso en la clase de teología. Para colmo experimentó “el intercambio místico de corazones”, ¡toma ya!, una especie de transplante con el corazón de Jesús. Pareciese que esta historia es más de un “ángel” o de un “globo volador”, que de un humano.
La característica principal de este santo es que se identificó plenamente con Cristo. Jesús, es verdadero Dios y plenamente hombre. En Jesús encontramos la plenitud del ser humano, el amar hasta dar la vida. Por lo tanto Miguel es también modelo de humanidad vivida en plenitud, por ello he entresacado de su biografía, los datos que nos lo presentan como persona que sufre, que lucha, que busca y ama; una persona que encontró el sentido de su vida en Cristo, y lo siguió apasionadamente.
Miguel Argemir, nació en Vic (Barcelona) el 29 de septiembre de 1591, perteneciente a una familia honrada y cristiana. De niño le toca vivir una dura experiencia, pierde a sus padres, y huérfano es entregado a unos tutores. Las experiencias de la infancia marcan la identidad de la persona. Estoy convencido de que esta experiencia de sufrimiento y abandono le hizo identificarse con el dolor de Cristo y encontrar en Dios Trinidad el Padre y la Madre que le faltaba. De hecho el siempre tendrá una gran sensibilidad por los que sufren y por los pobres. Ante el vacío del amor de sus padres encontró el amor de Cristo, que llena y cambia la vida.
Miguel decide responder a este amor entregándose a la Trinidad. Así lo hace y a sus doce años entra de postulante en los Trinitarios Calzados de Barcelona. En aquella época la Iglesia vivía un periodo de reformas para volver a la autenticidad del Evangelio. Miguel quiere responder con la mayor radicalidad, por lo que a pesar de tener que repetir el noviciado, decide pasar a los trinitarios Descalzos, recién fundados, que vivían con gran pobreza y austeridad, como Jesús y las primeras comunidades trinitarias.
Después es enviado a la Solana y Sevilla. Realiza la filosofía en Baeza y la Teología en Salamanca. De nuevo será enviado a Baeza por siete años, donde es Ordenado Sacerdote. Su último destino será Valladolid.
Miguel se entregaba tanto en su oración, en su estudio, en sus trabajos, que le hacen tener fuertes experiencias, de unión con Jesús. Estas experiencias místicas no fueron para él nada agradables, ni en un principio se interpretaron como signos de santidad. Al contrario lo ponen en cuestión y lo envían a Sevilla para que un experto, el P. Mata, averigüe el origen de esos trastornos. Éste constata el bochorno y apuro de Miguel, por no controlar estas situaciones y le diagnostica amor apasionado por Cristo. Ya sabemos que el amor nos hace hacer cosas extrañas.
Pero lo extraordinario no eran los arrebatos místicos, sino como hacía los actos ordinarios de la vida de un fraile: oraba con intensidad, ya que allí se encontraba con quien dio sentido a su vida; tenía un trato dulce y agradable con sus hermanos y feligreses; destacó como confesor y director espiritual; y atendía con gran atención a pobres y enfermos a quienes hacía experimentar ese gran amor que cambia la vida.
Como hombre, vivió momentos de dificultad hasta sus últimos días. En 1622 es nombrado ministro (superior) de Valladolid. El “santito” parecía incapaz de afrontar el gobierno de la comunidad de la capital castellana, sin embargo sorprende a todos. Su forma de tomar decisiones y corregir a los hermanos es modélica, ya que estaba llena de dulzura y prudencia, o sea gran calidad humana para aplicar las normas. Al mismo tiempo la comunidad vivió en gran austeridad y afrontaron con ánimo y confianza las dificultades. Su última prueba fue la enfermedad que le provocó la muerte. Las fiebres tifoideas le hicieron sufrir gravemente, él las afronto confiado en quien amaba y nunca falla. Tras nueve días, a los treinta y tres años, el 10 de abril de 1625 se encontró definitivamente con su amado.
Las biografías del santo nos hablan del “intercambio místico de corazones”, una gracia que han experimentado pocos santos, para entendernos sería una identificación tal con Jesús, hasta el punto de amar como Jesús amó, con su corazón. Tanto se identificó que hasta murió a la misma edad de Cristo.
Nuestro hombre, fue canonizado por Pio IX el 8 de junio de 1862, de ahí la fecha de su fiesta, y sus restos descansan en el Templo de San Nicolás en Valladolid. Escribió un breve “Tratado de la Tranquilidad del alma” y no destacó ni por ser gran escritor, ni predicador, ni profesor, ni redentor, ni misionero. Destacó por buscar sentido a su vida ante la adversidad y encontrarlo en Jesús; destacó por dejarse amar por Él y seguirlo hasta experimentar su amor en su corazón. Y tú ¿te dejas amar?
de Marcos Criado
LA PALABRA CONTRA LA VIOLENCIA
BEATO MARCOS CRIADOEl 24 de septiembre los trinitarios celebramos la memoria de Marcos Criado, mártir. Fue un valiente misionero declarado Beato por dejarse hasta su vida como misionero anunciando “la Palabra”, la de Cristo, la de la vida, sin mas medio ni arma que la palabra. Tan potente fue esta arma que suscitó la fe en unos y en otros el rechazo. Como respuesta encontró la violencia, y hostilidad hasta la muerte. Pero la violencia venció, y la Palabra con-venció. La fe y su testimonio siguen vivos.
Inicios y vocación Este trinitario nació en un lugar cercano, Andujar, y una fecha lejana, en 1522. Como es natural tenía una gran devoción a la Virgen de la Cabeza. De hecho pierde a su madre siendo niño y ante este dolor acude a su madre del cielo, a la Virgen de la Cabeza. A ella le hablaría de su soledad y de ella sentiría su abrazo de madre, que siempre está ahí, atenta a sus hijos. Marcos, aquel día se encomendó a la madre de Dios y madre nuestra y se consagró a ella.
Años más tarde, aún muy joven pide entrar en la comunidad de Trinitarios de su ciudad, quizá como respuesta a su consagración de niño. Tras un año de noviciado realizó su profesión religiosa como trinitario. Después realizó los estudios teológicos hasta que fue ordenado sacerdote.
El trinitario de la Palabra. La lectura del Evangelio y de los libros de teología le hacían escuchar la Palabra de Jesús que lo llamaba a seguirlo dejándolo todo en pobreza, obediencia y castidad. Aquellas palabras le hicieron encontrarse con la Palabra hecha carne en la realidad y el sufrimiento humano. También él quería anunciar la palabra de vida y esperanza. Marcos destacó por ser un gran predicador, de hecho pasó por diversas comunidades –Andujar, Ronda, Jaén y finalmente Úbeda- con el ministerio de predicador mayor. También en el confesionario su palabra trasmitía la acogida y el perdón de Dios Padre, destacando como confesor.
Misión. Marcos leía la Biblia y meditaba sobre la obediencia de Jesús a la voluntad del Padre. Se encontraba en la comunidad de Úbeda. Aquella tarde tenían capítulo, el Ministro Local lo había convocado de forma extraordinaria, le intrigaba pensar que nuevas tenía que comunicarles. Tras una oración comenzaron la reunión, en el orden del día sólo un punto. Los Obispos de Guadix y Almería pedían a los trinitarios tres o cuatro misioneros para afianzar la fe de los moriscos en la zona de las Alpujarras. La mayoría de los moriscos se habían bautizado para evitar ser expulsados y sólo habían recibido una superficial evangelización. Los obispos querían consolidar la fe de aquellos pueblos apartados y aislados por la abrupta Sierra Nevada. Junto a las palabras de los obispos el provincial añadió que esta empresa se equiparaba a la redención de cautivos, por la redención de almas. Al pedir voluntarios llenos de Espíritu se ofrecen el P. Pedro de San Martin y el P. Marcos Criado. Era el momento de encarnar la Palabra.
Como los apóstoles, de dos en dos, parten nuestros hermanos. Pedro iría a Almería, mientras que Marcos a Guadix. Repentinamente el P. Pedro enferma y tras varios días muere. Marcos se encuentra sólo en su misión, pero de nuevo siente como la Virgen de la Cabeza, le dice que está con él, y que le acompaña en su encomienda. Tras presidir el funeral se pone en camino, había sido nombrado vicario del párroco de la Peza (Granada).
Misionero en las Alpujarras. Desde la Peza va visitando los distintos pueblos de la Alpujarra. Sus dotes de predicador movilizaban a los cristianos y sus palabras en el confesionario trasmitían el amor de Dios. Lo mismo impartía catequesis a los niños en la calle que visitaba a enfermos. Su fama corrió por la sierra, las autoridades civiles y religiosas le facilitaban su trabajo y le pedían a los vecinos que lo acogiesen como a un apóstol. Sin embargo esta fama también le ganó detractores, en la Peza recibe una paliza para que deje su actividad. Un clima de hostilidad se levantaba contra los cristianos, Marcos recibe una nueva paliza en la sierra de Filabres, lo dan por muerto, pero sorprendentemente se recupera. Algunos pueblos cristianos son arrasados y profanados sus templos.
Palabra contra violencia. Nuestro misionero sufre en este contexto de conforntación por lo que decide hablar con Abencotha, líder de los moriscos. Le pide que respete y deje tranquilos a los cristianos y lo invita a cambiar de actitud en nombre de Jesús. Tan insultante le pareció a Abencotha el encuentro que a las palabras responde con violencia. Lo prenden con una soga y lo atan a un caballo arrastrándolo por abruptos caminos. Lo abandonaron como muerto.
De nuevo se recupera y continúa su misión, predicando, visitando a los cristianos acosados. Sus milagrosas recuperaciones, su fidelidad a su misión, y predicaciones producen conversiones, hasta de “renegados de la fe”; al mismo tiempo que la persecución se hace más hostil contra los cristianos. Son asesinados los primeros sacerdotes en Vera y Marcos estando en Cadiar se ve obligado a huir para evitar su muerte. Vuelve a la Peza.
Las autoridades civiles publican el “Edicto del Primero de Mayo” para reprimir a los moriscos. Este documento consigue el efecto contrario, los moriscos se quieren vengar de la opresión y obligaciones impuestas por el edicto atacando a la población cristiana. En la noche de Navidad de 1568 comienza el levantamiento de las Alpujarras. Aben Humeya capitanea una revuelta contra los critianos que irá recorriendo todos los pueblos de la zona, acabando con sacerdotes y cristianos. Año y medio más tarde llegan a la Peza atemorizando a la comunidad cristiana que se refugia en el castillo, junto a sus pastores. El párroco que increpó a los agresores encontró allí su muerte. El P. Marcos celebró sus funerales y desde aquel momento se instala en la Iglesia presintiendo su fin violento. El 22 de septiembre de 1569 tras celebrar la Eucaristía se dirigió a los fieles manifestando su deseo de dar la vida por Cristo.
¿Vence la violencia?. De repente un grupo de moriscos entra violentamente en el templo, les habla pero la respuesta es violencia sorda. Los fanáticos lo sacan a golpes y puntapiés y lo llevan hasta a las afueras del pueblo. Allí un grupo mayor le esperaba. Le torturaron para que renegara de Cristo, y de su boca ensangrentada emergió una clara palabra: - ¡Jamás! Entre golpes e insultos lo amarraron a una encina con los pies al aire, esperando contemplar su agonía y muerte. El día 23 aún estaba vivo y de repente comenzó a cantar salmos, palabras de confianza, de perdón, de alabanza, por lo que apedrearon hasta que ellos creían que estaba muerto. El 24 comprobaron que aún vivía, intentaba balbucear alguna palabra. Aquel día murió, o nació a la vida definitiva. Permaneció en el árbol hasta el 25 y para verificar su muerte un morisco cruel le abrió el pecho y le sacó el corazón.
Los testigos de aquel macabro espectáculo estaban conmovidos tras tres días de violencia y agonía, aceptada en fidelidad y amor ¿Quién le daba aquella fuerza? Al sacarle el corazón todos los presentes quedaron admirados y cayeron en tierra. En el corazón aparecía estar escrita una palabra: “Jesús”, el nombre que apasionó aquel corazón y que le hizo dar la vida por amor.
Triunfo de la Palabra. Habían terminado con su vida, pero la palabra triunfó, venció la fe. Todos fueron a anunciar el hecho prodigioso, los cristianos recogieron el cuerpo y el corazón de su mártir. Comenzaron a llamarlo el Santo Marcos. La sangre de los mártires fue semilla de auténticos cristianos y de generación en generación contaban como el Santo Marcos encarnó la Palabra de Dios en el Pueblo de la Peza y fue signo de su amor.
Debido al culto y veneración que recibió durante siglos en este pueblo y comarca se comienza el proceso de beatificación hasta que en 1899 el Papa León XIII lo elevó a los altares como mártir.
Mensaje. Los trinitarios destacaron por ser un puente de contacto entre religiones, que en contextos de guerras como las cruzadas no usaron más arma que la palabra, para llegar a acuerdos a favor de la libertad de cautivos cristianos y también musulmanes. Deseamos que en nuestro mundo no falten personas así, para que triunfe siempre la Palabra.
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de Félix de Valois |
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FELIX DE VALOIS El 4 de noviembre los trinitarios celebramos la memoria de San Felix de Valois, cofundador de nuestra Orden, o sea una especie de copiloto de San Juan de Mata, el fundador de los trinitarios. El diccionario nos dice que el copiloto es el auxiliar del piloto. En las carreras de rallyes el piloto tiene el papel protagonista, el carisma y es quien se lleva la fama; sin embargo el copiloto juega un papel fundamental, pero secundario, de apoyo técnico para orientar e ir señalando las condiciones de la calzada y del automóvil para sacar el máximo partido del terreno y perder el mínimo de tiempo. Tras los grandes pilotos como Carlos Sainz o Colin McRae hay grandes copilotos como Luis Moyá o Nicky Grist, menos conocidos, pero decisivos para ganar la carrera. Algo semejante sucedió con Juan de Mata y Félix de Valois. Es necesario que piloto y el copiloto se compenetren y compartan la pasión por ganar. La mayoría de datos que conocemos de Félix, son a partir de su encuentro con Juan de Mata, que se produjo en Cerfroid. Éste lugar se encuentra al noreste de París frondoso en vegetación y a la vez apartado y tranquilo. Allí vivía un grupo de ermitaños y se cree que Félix estaba al frente de ellos. Allí se retiró Juan tras recibir en su primera misa la inspiración para fundar la Orden. En la celebración vio a Cristo Redentor liberando a dos cautivos. Juan se retira para poner en marcha la inspiración recibida. Imaginamos como sería el encuentro con Félix, cómo compartiría su proyecto y sus ilusiones, tal tuvo que ser la pasión que trasmitía que los ermitaños se apuntan para iniciar una orden que se dedicara a liberar a los cautivos, uno de los grandes problemas sociales en aquella época de Cruzadas.
El gran rallye Cerfroid-Roma. Era necesaria la aprobación del Papa para continuar el proyecto. Juan de Mata redactó una Regla de Vida, que recogía la experiencia de las primeras comunidades y se dirigió a Roma para obtener el placed del Santo Padre. Félix acompañó a Juan en este momento decisivo para la Orden. Podemos imaginarlos en medio de las dificultades de tan largo camino, compartiendo fatigas y esperanzas. En la primavera de 1198 fueron recibidos por Inocencio III, quien conocía la triste situación de los cautivos, pero por prudencia los manda recavar más información de la Iglesia local del los fundadores. Tras conseguir la información requerida vuelven a Roma, cual sería su pasión que no encuentran obstáculo que les retenga, ni que fuese pleno invierno o que tuviesen que cruzar los Alpes. El 17 de diciembre vivirán el gozo de la aprobación definitiva de la Orden, pronto comenzarían las redenciones. Colaboradores en la distancia. Tras la aprobación Juan y Félix se separan en su actividad, aunque siguen unidos en la puesta en marcha de la Orden. Mientras Juan recorre Francia y España abriendo nuevas casas, Félix, su principal colaborador queda al frente de la casa de Marsella, una de las más importantes por su situación, cómo puerto franco desde donde realizar las redenciones y acoger a los cautivos rescatados. Tres documentos del 1203, 1208 y 1210 atestiguan su presencia allí. La tradición de la Orden narra que antes de su muerte volvió a Cerfroid, donde comenzó aquel sueño que ya era realidad. Ya se había realizado la primera redención en 1199. Aunque no hay datos imaginamos que Juan y Félix se reencontrarían y llenos de gozo compartirían sus aventuras y recordarían los inicios de aquel proyecto de Dios. Quizás el último encuentro fue en 1209, año en que Juan viaja a Roma. En 1212 muere Félix en Cerfroid y al año siguiente Juan en Roma. La gloria y olvido del copiloto. Su recuerdo y veneración se extenderá en su región de origen y en la Orden hasta que en 1666 fue declarado santo por Alejandro VII, por culto inmemorial. Su devoción, a pesar de discusiones por su mayor o menor protagonismo, llega hasta nuestros días; y como curiosidad en Brasil, en plena selva, se le dedicó recientemente a nuestro santo “de liberación” una nueva prelacía, donde es invocado como San Félix de Araguaia y de donde fue prelado Pedro Casaldáldiga.
Los atributos de este santo trinitario son: - ciervo con la cruz trinitaria entre los cuernos: ya que según la tradición este fue un signo divino para aceptar el proyecto de Juan de Mata. - Corona real y cetro a sus pies: Según algunas biografías, Félix pertenecía a la familia real francesa de Los Valois y renunció a sus privilegios para ser eremita y religioso.
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de Tomás de la Virgen |
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TOMÁS DE LA VIRGEN, CUANDO JUVENTUD Y ENFERMEDAD SE ENCUENTRAN Juventud y enfermedad, dos conceptos contrapuestos. La juventud es el tiempo de la plenitud, la vitalidad, de los sueños, de los proyectos de futuro…, mientras que la enfermedad tiene la capacidad de frutar todos los sueños, proyectos, la vitalidad y el futuro. Un accidente o una enfermedad grave nos replantea toda la vida, nos hacer reconocer nuestra limitación y debilidad. Cuando ambos elementos se cruzan hay dos caminos a seguir no aceptarla y autodestruirse o aceptarla y replantearse la vida con posibilidades nuevas. Como modelo del segundo camino os proponemos la biografía de un trinitario llamado Tomás. Nacimiento e infancia. Nuestro personaje nació en el frío mes de enero del año 1581 en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), en el calor del hogar de una familia bien estante y profundamente cristiana. Sus padres eran Juan de Tomás y María Sánchez Mejías. Entre sus familiares estaba Tomás de Villanueva un gran hombre y santo. El niño fue bautizado con el nombre de Rodrigo (nombre que cambió por Tomás de la Virgen al hacerse religioso).Creció en ambiente religioso de la época, en la villa señorial de Infantes, allí balbuceó sus primeras oraciones y cultivó su devoción a María, allí hizo sus primeras correrías con sus amigos y aprendió a leer y a escribir. ¿Qué camino escoger? En su adolescencia Tomás se planteaba que hacer con su vida, en su ciudad conoció a trabajadores del campo, a los nobles e Hidalgos, a los caballeros armados, incluso a un militar de los Tercios de Flandes. Descartó la vía de las armas y cuestionaba la hipocresía de los Hidalgos que intentaban vivir de privilegios y sin dar golpe. Quería dar su vida por un gran ideal, pero con trabajo y sencillez. También conocía la vida de los eclesiásticos que a veces contrastaba con la pobreza y alegría de las comunidades de frailes del pueblo. El encuentro con Juan Bta. de la Concepción. A sus diecinueve años tendrá una experiencia que cambiará el rumbo de su vida. Llegó a la ciudad Juan Bautista de la Concepción, el reformador de los trinitarios, a visitar la comunidad de aquella localidad. Se había corrido la voz, aquel religioso era un hombre de Dios. A pesar de su pequeñez y complexión delgada, trasmitía algo especial. El brillo de sus ojos, su forma de predicar delataban una pasión por seguir a Cristo Redentor, por reformar, por cambiar la vida para seguir más radicalmente el Evangelio. Le apasionó aquella pasión, por lo que decide hacerse trinitario. Se lo comunica a su familia y su propio padre lo acompaña y presenta a Juan Bautista para ser admitido en la Orden. Toma el hábito trinitario el 29 de abril de 1606 y cambia su nombre por Tomás de la Virgen.
Aceptar la enfermedad sin abatirse. La enfermedad continuó con permanentes crisis que hacían temer por su vida, sin embargo Tomás tras un tiempo de desolación acepta la enfermedad y desde ella decide vivir su vocación. Se siente unido al Cristo Redentor en la pasión y ofrece sus sufrimientos por la liberación de todos los que sufren. Llegará a dar gracias por ella porque le ayudó a conocer sus límites y el inmenso amor de Dios. Desde su lecho vivió plenamente su vocación. Así permaneció durante cuarenta años, sí, cuarenta. La enfermedad, camino de liberación. Fue llevado a Madrid, donde había mejores médicos. Vivía con tanta esperanza que pronto se extiende su fama por la ciudad, personas sencillas y enfermos iban a verlo para encontrar consuelo y recibir consejo. Tomás se convierte en un gran consejero llevándolos a Jesús, que es consuelo, esperanza y vida. Todos salían reconfortados. Su fama crece vienen a verle clérigos y nobles de la corte, incluso el Papa Urbano VIII ordenó al nuncio que antes de tomar decisiones importantes consultara a Fray Tomás. Lo visitaron dos Papas, Inocencio X antes de ser elegido por el Cónclave y Clemente IX que permaneció de rodillas ante nuestro santo, reconociendo la presencia de Dios en aquel sufrimiento. También pasaron los reyes Felipe III y Felipe IV, sus esposas, cortesanos y validos como el Duque de Lerma y el Conde Duque de Olivares. También sus palabras de consuelo traspasaban su habitación a través de la correspondería. Hacía la vida plena. En la enfermedad Tomás vivió plenamente su vida, desde la fe y fue instrumento de esperanza y liberación. Tras cuarenta años empeora y se da cuenta que se acerca el momento de llegar a la vida plena. Muere el 7 de octubre de 1847. Durante tres días la ciudad de Madrid celebrará sus funerales. En 1805 Pio VII, reconoció sus virtudes heroicas y lo declaró Venerable. Su devoción se mantiene aún hoy, siendo invocado por multitud de enfermos físicos y espirituales.
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de Isabel Canori Mora |
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ISABEL CANORI, MUJER, MADRE Y ESPOSA El otro día me dijeron que parece que para ser santo hay que ser cura, monja o fraile, ¿qué pasa con las madres y padres de familia que dan su vida, su tiempo, su trabajo por educar a sus hijos y sacar su familia adelante? Por suerte los trinitarios tenemos entre nuestros santos algunos laicos, en especial dos madres de familia Isabel Canori y Ana Mª Taigi. Hoy os voy a presentar a Isabel. La infancia. Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774 en el seno de una familia bien estante y profundamente cristiana. Sus padres se llamaban Tomás y Teresa. Desde pequeña velaron para que tuviese una buena educación, que completó en un internado de religiosas agustinas de Casia entre 1785 y 1788. En el internado lo pasó mal, por el cambio de ambiente y amistades, y en su fe encontraba la fuerza para afrontar cada dificultad. Incluso se le pasó por la cabeza hacerse religiosa. El amor de su vida. Al volver a Roma, a su ambiente, se desvanecieron sus preocupaciones y fervorines, y lo típico de su edad, le encantaba salir con las amigas a los lugares de ambiente. Se enamoró apasionadamente de un joven llamado Cristóbal Mora, un joven abogado de buena familia. Poco a poco comienza una bella relación que terminará en boda en 1796. Isabel era feliz. Fruto de ese amor nacerán sus hijas Lucina y Mariana. Llegan los problemas conyugales. Cristóbal comienza a engañar a su esposa con otra mujer y malgasta el dinero dejando a su familia en la miseria. Isabel intenta hablar con él, buscar soluciones, sin embargo no encuentra más que desprecio y violencia. El marido termina abandonando a su esposa e hijas. El amor que nunca falla. Isabel no se deja arrastrar por la situación y busca ayuda en su familia y en su fe para continuar con su vida y sacar adelante a sus hijas. Isabel ingresa en el grupo de terciarias trinitarias de San Carlino y encuentra luz para aceptar su situación con su confesor, un trinitario. Ella seguía amando a Cristóbal. Todas aquellas pruebas le sirvieron para profundizar en el amor de Dios Trinidad, un amor que nunca falla, fiel hasta dar la vida. A pesar de la precariedad, ella se siente desbordante de amor hacía sus hijas, hacia los más necesitados, incluso hacia su marido por quien rezaba. Ofrecía sus dificultades y sacrificios por la Iglesia y por el santo Padre que atravesaban grandes dificultades, por los necesitados, por su familia. Tal paz trasmitía y tales eran los dones que recibía de Dios que adquirió fama de consejera espiritual. Era un ejemplo de mujer y de madre.
Los restos de Isabel se veneran en la magnífico templo Borrominiano de San Carlino. Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994 en el año internacional de la familia. |
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de Ángela Autsch |
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SOR ÁNGELA, LUZ DE ESPERANZA EN LOS CAMPOS NAZIS Os presentamos a Sor Ángela María del Sagrado Corazón, trinitaria. Fue mártir en los campos de concentración nazis. Ángela AutschNació el 26 de marzo de 1900 en Röllecken-Saurland (Alemania). Era una joven alegre, fuerte, llena de vida, de entusiasmo, trabajadora, sincera y espontánea. Tras realizar los estudios básicos sus padres la pusieron a trabajar en unos grandes almacenes. Conoció al grupo de Laicado Trinitario y a las trinitarias y su carisma de liberación para niños sin colegio, para pobres y ancianos. Decidió ser trinitaria, ingresó en 1933 y en 1938 realizó la profesión perpetua. Un día discutían sobre Hitler, sobre la gran nación y potencia que el dictador prometía, pero ella sincera, espontánea y libre dijo su opinión: “será el azote de Europa”. Fue denunciada y detenida por las SS el 10 de agosto de 1940. De la cárcel la llevaron a un campo de concentración, luego a otros, Ravensbrück, Auschwitz y Birkenau. Por ser alemana y enfermera, se sirvieron de ella para que atendiese la enfermería del campo de concentración. Sufrió terriblemente al ver como maltrataban y mataban cada día a cientos de personas. Ella decidió ayudar y dar esperanza a los demás.
Ángela decía que era el amor a Dios y amor a los demás lo que le daba fuerzas, arriesgándose ante los militares por ayudar. Por estar entre los enfermos se contagió de tifus y sufrió terribles fiebres, también padeció por problemas de corazón, pero no le importaba. Por su osadía recibió gritos y malos tratos de los soldados, pero ella continuó al lado de las víctimas. En 1944 un bombardeo en el campo de concentración, mientras ayudaba a los enfermos a refugiarse, acabó con su vida. Había nacido en el cielo una nueva mártir de la liberación. En 1991 comenzó el proceso de beatificación en Viena (Austria) y en 1996 en Roma. |
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de los Mártires de Argel |
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MARTIRES DE ARGEL, el triunfo del amor Durante siglos la principal labor de los trinitarios fue la redención o liberación de cautivos. Las redenciones se hacían pagando un precio por el cautivo, intercambiando esclavos musulmanes por esclavos cristianos y en algunas ocasiones, si faltaba dinero, los propios trinitarios se quedaban en la prisión para liberar a todos los cautivos. Allí esperarían la siguiente redención tras varios meses o un año para ser rescatados. Os presentamos el caso de tres trinitarios Bernardo de Monrroy, Juan del Águila, Juan de Palacios y el laico Pedro de Torres Miranda que les ayudó como enfermero. Quedaron en prisión tras realizar una redención en Argel. Desafortunadamente se extendió un bulo, una princesa musulmana se había convertido al cristianismo. Esto hace irritar a los musulmanes y ya no permitirán salir de Argel a los trinitarios que se encontraban en las mazmorras. Allí compartieron las penalidades de los cautivos: recibían la comida -incomible- una sola vez al día, las grutas de la prisión no tenían apenas luz ni ventilación, estaban llenas de suciedad y humedad donde parásitos y ratas corrían a sus anchas. A veces les ataban con gruesas cadenas, o los torturaban. Otras veces les dejaban salir al exterior y los alimentaban mejor para poder venderlos en el mercado de esclavos a buen precio.
Mientras los trinitarios de España, con ayuda de autoridades civiles y eclesiásticas, intentaban rescatarlos. Intervino hasta la Corte española, pero siguieron en prisión. Los cristianos de España y Argel se organizaron para hacerles llegar ayuda, comida, correspondencia, a escondidas o chantajeando a los guardias. El frío, la malnutrición y las torturas fueron acabando con sus vidas. Juan del Águila fallece en 1613, Juan de Palacios en 1616. Pedro, el enfermero laico es quemado vivo en 1620. Bernardo fue trasladado a la cárcel del castillo del rey musulmán donde muere en 1622. Por intercesión del monarca español los restos de Bernardo fueron enviados a España y actualmente se encuentran en la capilla de la comunidad trinitaria de Andújar.
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de los Mártires trinitarios del siglo XX |
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MÁRTIRES TRINITARIOS DEL SIGLO XX ¿Por qué estarías dispuesto a dar la vida? ¿Dónde darías lo mejor de tí, tu esfuerzo e ilusiones? Unos la dan por el amor de su vida, otros por alcanzar un sueño, otros por la fe. La Iglesia declara mártires a los que han llegado a dar su vida por ser fieles a su fe y vocación. El próximo 28 de octubre serán beatificados en Roma, cerca de 500 mártires de la persecución religiosa que se desarrolló en España del año 1931 al 1939. Entre ellos hay 11 miembros de la familia trinitaria, 9 religiosos de las comunidades de Villanueva del Arzobispo – Mariano y José-, del Santuario de la Virgen de la Cabeza – Prudencio, Segundo y Juan-, ambas comunidades en Jaén y de la comunidad de Belmonte en Cuenca –Luis, Melchor, Santiago y Juan- ; Sor Francisca, una monja de la comunidad de Martos y Álvaro Santos Cejudo, un laico de Alcázar de San Juan. Vivieron en una época de pobreza y conflicto social. Sin embargo ellos permanecieron fieles a su vocación desde su humilde realidad. Los frailes estaban insertos en la vida de los pueblos, en sus templos y santuarios acogían a todos y compartían los problemas y alegrías de aquella gente sencilla -de hecho ellos mismos provenían de familias humildes y del campo, por lo que los comprendían bien. Ante el analfabetismo y trabajo infantil intentaron dar respuesta formando pequeñas “escuelillas” y coros para los niños y jóvenes, de los que fueron maestros y amigos. En Belmonte había un seminario para los jóvenes que se preparaban a ser trinitarios. En las tres comunidades, tuvieron noticia del inicio de la guerra el 18 de julio y fueron alertados del peligro que corrían, pero ellos permanecieron allí, ajenos a tendencias políticas y fieles a sus rezos, celebraciones y servicio al pueblo, hasta que llegaron milicianos que los acusaron sin prueba alguna y los detuvieron. Después fueron torturados, humillados públicamente, encarcelados y fusilados, sin más motivo y acusación que ser religiosos. Los testimonios son sobrecogedores por las vejaciones que sufrieron y como las aceptaron con serenidad y esperanza, alentado a sus compañeros de calabozo y hablando y perdonando a sus propios verdugos. Uno de los trinitarios, fumador, saludó amablemente y repartió un pitillo a sus verdugos momentos antes de ser asesinado. Sor Francisca de la Encarnación fue una monja buena. Quedó huérfana y fue criada en el convento de Martos por una tía suya, donde a los 13 años decide ingresar. Se dedicó a la oración, trabajo y cuidado de las hermanas enfermas. Bajo esa sencillez se escondía la gran valentía de aceptar los ultrajes y muerte por fidelidad a su amado, Cristo. Álvaro Santos Cejudo fue amigo y bienhechor de la comunidad trinitaria de Alcázar y padre de dos monjas trinitarias del monasterio de San Clemente (Cuenca). Destaca como padre y esposo ejemplar, trabajador, honrado, solidario con los necesitados y las misiones y valiente cristiano hasta el punto de dar su vida por su fe. Le dedicaremos las próximas huellas. Esperemos que el ejemplo de estos mártires nos haga dar la vida por lo que verdaderamente amamos.
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Sección preparada por Sergio García |
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