Ir a página principal de Oasis

 

 

Tiempo de Acogida: adviento y Navidad

Virgen del Remedio

El Adviento es el tiempo de la acogida de Jesús que vino a nosotros como celebramos en Navidad, y que sigue viniendo a través de muchas situaciones y personas que nos encontramos en la vida. Especialmente de las personas que lo pasan peor.
Para reflexionar sobre la importancia de este tiempo os proponemos una historia sobre María, una de las figuras centrales del Adviento, que nos enseña como acoger a Jesús en nuestro interior para después darlo “a luz” (cómo luz) para los demás. En Adviento celebramos la Inmaculada Concepción, con Vigilias, muchas de ellas juveniles. Éste relato nos puede ayudar a comprender la grandeza de la opción que María, cómo el plan de salvación de necesita de nuestra libertad.
La misión de Gabriel

El arcángel Gabriel no estaba ya en las plumas. El Señor del Cielo y de la Tierra le había
confiado un papel de confianza y responsabilidad enormes. El encargo más importante que jamás existió desde la Creación en adelante: encontrar una madre para el Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre en la tierra.
Una misión verdaderamente delicada, pero Gabriel no estaba preocupado. Todas las mujeres de la tierra (y eran tantas) se habrían sentido enaltecidas por llegar a ser la mamá del Mesías. Por tanto, todo se habría resuelto con un vuelo rápido de pocas horas.
Gabriel planeó lentamente sobre la tierra. Dio una gran vuelta de inspección y se detuvo en una pequeña ciudad rodeada de un gran parque. Al lado de una fuente fresca, una señora hermosa y elegante bromeaba con un grupo de amigos simpáticos, bronceados y sonrientes.
«¡La mamá justa y el lugar justo para el Hijo de Dios!», pensó Gabriel.

Se presentó a la señora y le habló directamente: «¿Quieres ser la madre del Mesías?»
La señora le miró con aire frívolo: «¿Bromeas? Estamos todos a punto de partir para un crucero que dará la vuelta al mundo; figúrate si me pongo a pensar en un niño...».

Gabriel reemprendió el vuelo refunfuñando: «Sí, tal vez es mejor una mamá menos rica, más práctica...». Voló por encima de un centro de despachos y en uno de éstos descubrió a una mujer eficiente y segura, trabajando en un voluminoso fascículo.
«Esta será una madre fantástica...» pensó el buen Gabriel, que se detuvo en vilo en la escribanía y le hizo sin preámbulos su propuesta.
Pero la respuesta le enredó todas las plumas de las alas: «¿Un niño? ¿Ahora? ¡Tú estás loco! ¿Tienes idea de cuántas sociedades he conjuntado para llevarlas a la Bolsa? Estoy llegando a la cima, ¿entiendes? Ciertamente no puedo detenerme ahora. ¡Y menos por un niño...!».
«Pero se trata del Mesías...», replicó Gabriel tímidamente.
«¿Y qué?», respondió la mujer completamente despegada del asunto.

Gabriel reanudó el vuelo, pero su optimismo se había desvanecido. «Tal vez debo buscar una mujer que tenga ya otros niños... Será más fácil», pensaba un tanto preocupado.
Voló y voló, en todas las direcciones, hasta que encontró a una mujer atareada y siempre corriendo, pero feliz, con tres niños vivaces y juguetones.
«¡Mamá, Alberto se ha tragado mi bola!». «¡Mamá, Lucía ha roto mi libro de historias!». «¡Mamá, tengo hambre, tengo sed, estoy cansado y no sé qué hacer!».
El ángel Gabriel se vio obligado a gritar para hacerse oír por la señora y le hizo su propuesta. La mujer lo miró con aspecto trastornado y luego estalló: «¿Otro niño? Y, ¿cómo haría? Estos tres me comen viva! ¡No veo la hora en que sean mayores!».

Gabriel se fue a pie, con las alas bajas. Ahora era él quien estaba metido en problemas. Pero no podía fallar. Su misión era la más importante en los siglos de los siglos. «Tengo que encontrar a alguien más joven… más generosa... una mujer de alma grande... pero verdaderamente grande... inmensa. Pero, ¿dónde encuentro una así?».

Gabriel reemprendió su vuelo. Voló y voló, a lo largo y a lo ancho, de norte a sur. Durante meses, durante años. Un día, en un pueblecito minúsculo, recostado en una colina de Galilea, encontró a una muchacha joven, como quinceañera, que mientras trabajaba, cantaba y rezaba, pobre, libre y feliz.
«¡Es ella!», se dijo Gabriel. Y se lanzó en picado con el corazón angélico que latía enloquecido.

La joven se llamaba María. El ángel entró en su casa y le dijo: «¡Te saludo, María! El Señor está contigo: él te ha colmado de gracia».
A estas palabras María quedó impresionada y se preguntaba qué podía significar aquel saludo. Pero el ángel le dijo: «¡No temas, María! Tú has encontrado gracia delante de Dios. Tendrás un hijo, le darás a luz y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande: Dios, el Omnipotente, lo llamará su Hijo; el Señor lo hará rey lo pondrá en el trono de David, su padre, y él reinará para siempre en el pueblo de Israel. Su reino no tendrá fin».
Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo es posible esto, ya que yo no tengo marido?».
El ángel respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Dios Omnipotente, como una nube, te envolverá. Por esto, el niño que tendrás será santo, Hijo de Dios. Mira: también Isabel, tu parienta, a su edad espera un hijo. Todos pensaban que no podría tener hijos; y sin embargo, está ya en su sexto mes. ¡Nada es imposible a Dios!».
Entonces dijo María: «He aquí la sierva del Señor Dios haga conmigo como tú has dicho».
Y el ángel la dejó.

La historia, en forma paradoxal e intencionalmente anacrónica, apunta sobre todo a poner en relieve la grandeza de la opción de María. Normalmente, su «sí» se da por descontado, mientras es el mayor gesto de libre adhesión a Dios de una criatura humana.

 

 

 

Sección preparada por Sergio García

Volver a Oasis

©2007 Pastoral Juvenil Vocacional Trinitarios España Sur - www.trinijoven.com