Perdóname,
Señor
Perdóname,
Señor,
porque aunque creo con todas mis fuerzas
que tú has querido necesitarme,
necesitarnos,
para construir un mundo fraterno,
olvido con frecuencia que te necesito para conseguirlo
y trabajo solo,
lucho solo, combato solo,
y los otros también, me temo,
porque con frecuencia no pensamos
invitarte a la reunión,
y cuando finalmente decimos que tú estás ahí,
porque es la costumbre,
evitamos buscar
y pedir tu opinión,
porque es más fácil contentarnos con la nuestra
y más difícil meditar tu evangelio
para descubrir en él algo de Ti.
(Michel Quoist) |