Sedúcenos,
Señor
Deseo
estar contigo, Señor,
mientras camino en el silencio
de este rato de oración.
Buscando
tu rostro, Dios mío,
sin olvidar al hermano,
que conmigo hace la senda.
Quiero
orar sin prisas,
contemplando serenamente mi existencia,
mientras vuelvo a casa,
gustando el ritmo de mis pasos
cada latido de mi corazón,
porque sé que me acompañas.
Dios
del abrazo,
impulsa nuestras vidas
portadoras de exigencias y promesas.
Enriquécenos con tu misericordia,
y haz de este momento el lugar
que tanto añoramos para el Encuentro.
Que
tu mirada, Señor,
sea el principio de una llamada.
Tú que llamaste al ciego de Jericó y le diste la Luz;
Tú que trazaste el camino de vuelta al Hijo Pródigo
y le abriste los brazos y el corazón;
Tú que te hiciste Buen Samaritano
para sanar nuestras heridas y nuestra desesperanza;
Tú que en cada Apóstol
nos vas descubriendo la salvación.
Sedúcenos,
Señor, con tu mirada;
levántanos, Señor, con tu Palabra,
Y haz que nuestro corazón se abrase
mientras vamos de camino.
(Michel
Quoist)
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