Sirve la nube,
sirve el viento,
sirve el surco.
Donde hay un árbol que plantar,
plántalo tú;
donde hay un error
que enmendar,
enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo
que todos esquiven,
acéptalo tú;
sé el que apartó
del camino la piedra,
el odio de los corazones
y las dficultades del problema.
Hay alegría de ser sano
y la de ser justo,
pero hay sobre todo,
la inmensa,
la hermosa alegría de servir.
Aquél el que critica,
éste el que destruye;
sé tú el que sirve.
El servir no es una faena
de seres inferiores.
Dios que es el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamarse...
¡el que sirve!
y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy?
(Gabriela Mistral)