Un minuto para respirar

Manos

Dios está conmigo

Cochabamba, Bolivia.
Es medianoche y estoy en una celda de las dependecias de la policía. Desde el mediodía he pasado mucho miedo aunque he aguantado bien el tipo. Sólo me he desmoronado después de la primera bofetada cuando el interrogatorio se parecía al de las películas.
Al anochecer las cosas han cambiado. Cuando han comprobado que de verdad era europeo, me han tratado de otra manera. Ser europeo, aquí, en la cárcel, también es un privilegio.
Una manta, Dios y yo, compartimos un silencio inmenso lleno de gritos, de ruido y de dolor. Es la presencia de Dios en soledad, hecho celda, hecho manta, hecho silencio, hecho yo. Lo he sentido y Dios ha estado conmigo. Es el Dios que llena el silencio y la soledad.

(X. Masllorens. Creer desde la noche oscura)

 

 

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