Guía
mi mirada, Señor
Cuando Tú mismo
pongas a prueba mi fe,
y me hagas marchar
por entre la niebla más cerrada,
borrada toda verdad ante mí,
por mucho que mi paso vacile,
haz que mi mirada,
tranquila
e iluminada,
sea testimonio viviente
de que te llevo conmigo,
de que estoy en paz.
Cuando Tú mismo
pongas a prueba mi confianza
permitiendo
que el aire se vaya enrareciendo
y que me embargue la sensación
de que el suelo se está resquebrajando
bajo mis pies,
que mi mirada les recuerde a todos
que no hay nadie
que cuente con la fuerza suficiente
para arrancarme de Tí,
en quien
caminamos,
respiramos
y somos...
Y si un día Tú mismo
permites que el odio me salpique,
y me prepare trampas
y falsee mis intenciones
y las desfigure
que la mirada de tu Hijo
vaya repartiendo
serenidad y amor
a través de mis ojos.
(Hélder Cámara) |